Valle de la Luna, San Juan, un viaje interplanetario a través del tiempo

A 330 kilómetros de la capital de San Juan, nos encontramos en un impresionante cuadro de la naturaleza, un tesoro de la humanidad que impacta por sus formas extrañas y maravillosas: el Valle de la Luna, más precisamente el Parque Provincial Ischigualasto.

Aquí la naturaleza ha sido caprichosa, creativa, única. La erosión eólica y pluvial ha provocado un universo único de paisajes de diversos colores, tonos y extrañas formas. Pero no sólo la vista humana recoge bondades. Esta fracción del parque guarda centenarios yacimientos paleontológicos ocultos, hoy a resguardo de la Universidad de San Juan.

Ischigualasto, nombre de origen diaguita, ocupa 63.000 hectáreas. Se extiende a lo largo de, aproximadamente 60 Km. de largo por 15 de ancho, y continúa geológica y geográficamente en el área de Talampaya, en La Rioja.

Se llega al Parque sólo por vía terrestre, desde la capital de San Juan, en servicios de excursiones con una frecuencia semanal. La extensa planicie desértica, donde casi 60 millones de años, moldearon singulares geoformas arcillosas, conmueve por su soledad y silencio. El único pueblo cercano es Valle Fértil, a 40 kilómetros de distancia, un oasis donde existe una hostería, algunos albergues y posadas donde alojarse. Desde aquí, también se puede acceder a través de un camino agreste, en combis o taxis.

 

Cuando nos encontramos en este vasto y magnífico desierto, nos parece haber viajado en el tiempo hasta el período Triásico de la era Mesozoica, cuando un inmenso lago inmerso en una frondosa vegetación, mantenía en su interior sorprendentes especies de la época. Aquí comenzaron a evolucionar las primeras formas de reptiles durante un lapso de 45 millones de años. Desde este maravilloso espacio terrestre, se pueden encontrar explicaciones para armar la prehistoria del planeta que habitamos.

Las erosiones posteriores provocaron graciosas e insólitas formas que nos recuerdan a situaciones, animales y objetos de la vida cotidiana, como el Gusano, la Esfinge o El Hongo, o la “Cancha de Bochas”, una increíble planicie con esferas perfectamente pulidas. Otras, por acción de los agentes erosivos, son difíciles de reconocer.

Para recorrer los senderos del Parque es necesario contar con la ayuda de un Guía. Es mucho lo que nos podemos perder sin sus conocimientos, dada la absoluta soledad que reina y toda la riqueza paleontológica que guarda. Aquí también se encuentran los restos de uno de los dinosaurios más antiguos que se conocen en el mundo, el Eoraptor Lunensis.

El Valle de la Luna, uno de los tesoros más grandes de Argentina, conserva para toda la humanidad, insondables secretos de nuestro pasado en el universo. Un viaje único para entender, admirar y cuidar nuestra Tierra.

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