Una nueva tendencia se va imponiendo, lentamente, entre los turistas argentinos.
Una filosofía asociada al ocio y al placer, a la relajación y a la paz interior, ha llegado para quedarse y cambiar la forma de viajar de miles de turistas argentinos.
Tomarse el tiempo necesario para conectarse con el destino elegido y sus costumbres locales, escuchar los murmullos de la naturaleza, alejarse lo más posible del frenesí de las ciudades y el consumo, entrar en sintonía con la esencia del lugar y la vida diaria de sus habitantes: he aquí alguna de las máximas a seguir por todos los adeptos al turismo slow, el placer de saborear los segundos.

Entran también dentro de esta interesante lista de propuestas, la protección del medio ambiente, la gastronomía típica y orgánica, la preferencia de medios de transporte no contaminantes, el consumo único de lo indispensable, la rusticidad y el despojo.
Cada vez son más los destinos turísticos argentinos que se suman a esta movida, nacida en Italia y que ya se ha extendido por más de 80 ciudades alrededor del mundo.
Auto reconociéndose como “lugar slow”, varias localidades de la costa bonaerense han tomado la posta de esta nueva filosofía. En las calles de Mar de las Pampas, por ejemplo, está limitada la publicidad y la señalización es de madera. El silencio es un tesoro, cuidadosamente protegido por todos sus moradores.

Muy cerca, en Sierra de los Padres -Mar del Plata-, este culto a lo natural unido al confort está instalándose cada vez con más fuerza.


En la provincia de Mendoza, la Ruta del Vino es un destino que atrae a muchos viajeros europeos que practican el turismo slow.
Asimismo, en las tierras cordobesas se está estudiando establecer una zona lenta cuyo eje sea el Circuito Jesuítico.
En el valle de Traslasierra, la filosofía lenta ha encontrado suelo fértil en los pintorescos pueblos de San Javier y San Marcos Sierras.

También en las afueras de Buenos Aires se puede bajar la velocidad y relajarse, disfrutando de la naturaleza. Allí ya existen comunidades que viven de esta manera, cultivando todo lo que consumen y generando su propia energía. En el Delta del Paraná, una rústica cabaña de troncos será suficiente para conectarse en armonía con la naturaleza.

Del mismo modo, en la Patagonia, localidades como El Bolsón proponen vivir de otra manera: refugiándose en lo verdadero, huyendo de lo artificial, creando y no destruyendo.

A lo largo de todo el territorio, la gran cantidad de spas se suman a este movimiento. En estos lugares, el principal objetivo es salir renovado, tanto interior como exteriormente. Un par de días son suficientes para lograr el objetivo. Una opción ideal para renovar energías durante un fin de semana largo.
Respetar el ritmo del cuerpo, escucharse a sí mismo en medio del silencio. Vivir sin prisa, valorar las posesiones en su justa medida. Cuidar de lo más preciado que se tiene: el presente. Tomarse la vida con calma, una tendencia saludable y aconsejable. Una forma de conectar el placer de viajar con una filosofía de vida diaria. Una nueva tendencia en turismo que llegó, lentamente, para quedarse.
Ludmila Pérez
Este fin de semana pude disfrutar de un lugar que tiene las características que se señalan en el artículo. Es la Hostería Los Pecanes en el Delta de4l Paraná, dentro de la circunscripción de San Fernando. Recomiendo que la conozcan por la amabilidad de sus dueños y por la sensación de disfrute sin apuro que se vve