Luego de pasar por la localidad de El Carril y atravesar la magnífica Quebrada de Escoipe y la Cuesta del Obispo, se llega al Parque Nacional Los Cardones. La exuberante biodiversidad que contiene la provincia de Salta, se muestra en forma viva en este sitio protegido desde el año 1996. Está ubicado a 100 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Salta, entre los 2.700 y 5000 metros de altura, entre los departamentos de Cachi y San Carlos. Se llega transitando la ruta del Tin Tin, por un camino de aproximadamente 25 kilómetros, donde se ingresa al puesto del guardaparque. Cuando el viajero detiene su prisa, y se entrega al paisaje poblado de estos gigantes silenciosos, puede entender porqué los antiguos creyeron siempre que eran indígenas que vigilaban sus tierras de extraños.

La ruta provincial Nº 33, atraviesa el increíble paisaje de meseta desértica donde se resguardan especies en vías de extinción como la taruca, la vicuña y el huemul del norte. Dada su reciente creación, todavía para visitarlo es necesario ir convenientemente equipados con suficiente agua y protector solar, con la compañía de un guía. En su interior, la ruta 33 se cruza con la ruta 42 a través de la cual se llega a Seclantás.
Este recinto natural de 65.000 hectáreas guarda valiosas piezas paleontológicas que testimonian la existencia de animales como los dinosaurios, que vivieron en la zona hace aproximadamente 70 millones de años. Las sierras y quebradas secas resguardan los biomas andinos del Noroeste argentino. Están cubiertas de arbustos y entre ellas se observa las figuras firmes y erguidas de los cardones, algunos con una altura de hasta tres metros, y con una edad aproximada de 200 a 300 años. Esta especie estuvo en peligro de extinción dada la explotación irracional de su madera. Hoy, se encuentran sólo en las obras de los artesanos locales, ya que los guardaparques les proveen de los restos secos, de aquellos que van “muriendo”. Por las características de la especie y su conformación física, este Parque es comparado, a nivel mundial, con el Monumento Natural Saguaro o el Parque Nacional Organ Pipe Cactus, en Estados Unidos.




Entre el enigmático silencio del entorno, el viajero puede tomar fotografías, realizar travesías en vehículos adaptados al terreno o caminatas. La observación de la flora y la fauna es una tarea fascinante que descansa y reconforta. Para los pueblos originarios este sitio hoy protegido fue muy importante. Muestra de ello es el arte rupestre que quedó plasmado en rincones incógnitos de difícil acceso. El parque contaba con los recursos básicos como agua y pasturas, se realizaban también rituales y expresiones artísticas vinculados a la intensa actividad comercial que desarrollaba la zona del Valle Calchaquí.




Entre los cuerpos leñosos y espinosos de estos cactus gigantes, y las flores del amancay, si se cierran los ojos y se espera, en silencio, se escuchan los bombos copleros traídos por los vientos andinos. Llorando tal vez, por los que murieron y alentando a los que siguen en pie.
María Inés Medina