
Ushuaia, que en la lengua de los primitivos habitantes de la zona significa “bahía hacia el oeste”, es la ciudad más austral de la Argentina. Y aquí empieza esa constante repetición de conceptos que la Viajera Intrépida leerá, escuchará y absorberá hasta el cansancio. Todo en la zona sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego es lo “más austral” del país: el faro más austral, el Parque Nacional más austral, incluso la estafeta postal más austral del planeta.
“Fin del Mundo”, reza uno de los carteles que dan la bienvenida a la capital administrativa de Tierra del Fuego, y es cierto, después de todo, es el núcleo poblacional más importante de la provincia y se localiza donde casi se extingue el mapamundi. Tal vez por eso a principios del siglo pasado se decidió establecer allí un reclusorio que albergara a algunos de los presos más peligrosos de la nación. Así nació la “cárcel del fin del mundo”, sí, sí, también el presidio más austral, que funcionó hasta 1947. Hoy convertido en museo, se pueden recorrer las antiguas celdas y palpitar la forma de vida de los presos. Ambientado como era todo en aquella época, desde la enfermería hasta los diversos talleres donde se enseñaban varios oficios, se relatarán leyendas y misterios en relación con esta cárcel que, de una manera u otra, permitió el desarrolló de la ciudad.
En sus instalaciones también se encuentra el Museo Marítimo y una réplica de tamaño real del famoso “Faro del Fin del Mundo”, que se ubica en la Isla de los Estados, otro de los puntos principales del itinerario de nuestra Viajera.
Mientras que el Museo de Maquetas “Mundo Yámana” permite conocer las costumbres y vida de esta tribu de indios canoeros, que ocuparon la zona hasta unas décadas después de la llegada de los primeros hombres blancos, el Museo del Fin del Mundo, establecido en el edificio que en otra época albergó al Banco de la Nación, es un muestrario de la historia y cultura de la región, desde los antiguos pobladores hasta elementos del presidio y de los primeros viajantes que llegaron a estas costas y, por supuesto, de la rica fauna local.
Emplazada en las costas de la bahía del Canal de Beagle y al pie de los Montes Martial, Ushuaia se desempeña como una importante ciudad turística que ofrece bellos paisajes y decenas de actividades para todos los gustos. La Viajera aún no decidió qué hacer, pero pasea por la calle Maipú, la avenida costanera, apreciando la hermosa postal de los ventosos paisajes que comenzará a conocer. De construcciones bajas y en estilo típicamente fueguino se levantan varias casas que sirvieron de residencia a reconocidos habitantes, y que hoy embellecen la ciudad, entre ellas la Casa Beban, en el Paseo de Antiguos Pobladores.
Para seguir encantándose con el lugar, frenará en la Plaza Cívica y contemplará la hermosa Legislatura Provincial. También la iglesia de Nuestra Señora de la Merced y el antiguo templo con campanario, fundado por los hermanos salesianos a fines del siglo XIX. En el cruce con la Avenida San Martín, zona comercial, buscará algún restaurante que ofrezca platos típicos de la región, en especial aquellos que brinden pescados y mariscos.
Tal vez si hubiese llegado al archipiélago fueguino en pleno invierno, se animaría nuevamente a esquiar y tal vez corriese mejor suerte, aunque ahora que se enteró que en algunos de los centros invernales cercanos, como Cerro Castor, Altos del Valle, Harowen o Las Cotorras, se puede realizar travesías en trineos tirados por perros, prefiere no arriesgarse a volver a quedar incrustada en algún árbol. Quizá, menos peligroso le resulte hacer caminatas sobre raquetas o dar una vuelta en moto de nieve, conociendo los frondosos valles que ofrecen pistas para practicar todo tipo de esquí; lo mismo sucede con el centro más cercano a la ciudad, el del Glaciar Martial.
Recorrer en Canal de Beagle es uno de los paseos más característico para contratar; en todo tipo de embarcación se puede surcar las heladas aguas y llegar a diversos puntos, según la duración de la excursión. Se puede conocer una pingüinera o un apostadero de lobos marinos, incluso alcanzar la Estancia Harberton, la más antigua de la región, o llegar hasta Bahía Lapataia, allí en el punto donde termina la famosa ruta nacional número 3.
Aunque la Viajera Intrépida prefiere viajar de otra manera a conocer esos lugares, tomándose el tren a vapor, sí, el del Fin del Mundo, aquel que utilizaban los reclusos para traer leña a la ciudad y que hoy constituye uno de los paseos más celebrados, recorriendo 14 kilómetros de bellos paisajes, para arribar a la Estación del Parque, dentro del Parque Nacional Tierra del Fuego.
Ushuaia ofrece tantas maravillas “australes”, como la posibilidad de acercarse al Lago Escondido o al Fagnano, al norte de la ciudad, que el tiempo no alcanza y las bellezas naturales se repiten ante los ojos sorprendidos de la Viajera, que sigue organizando una y otra vez su itinerario.