Cuando se camina por Basavilbaso; cuando se respira Basalvilbaso; cuando se sigue a pie sus rieles, encargados de dividir en sectores la población; cuando las estructuras edilicias ferroviarias hacen detener la marcha para ser observadas, es difícil no esperar con ansias el paso de los vagones del Ferrocarril Central Entrerriano, tal cual como llegaba a la estación Gobernador Basavilbaso, punto de inicio de este poblado que como muchos otros también surgió alrededor de una estación ferroviaria.
La Viajera Intrépida piensa ahora que gracias a ese mismo tren, en 1892, arribaron los primeros inmigrantes judíos que venían desde Rusia y que eran traídos por la Jewish Colonization Association (JCA), una organización filantrópica fundada por el Barón Mauricio de Hirsch, que ofrecía tierras y herramientas de trabajo, para que estos colonos, que huían de las persecuciones que se efectuaban en Europa, se asentaran en territorio argentino y comenzaran una nueva vida.

Se podría decir que Basavilbaso es la puerta de entrada para este recorrido que sigue la vida, la lucha y los progresos de los famosos “gauchos judíos”, como se los conoció luego del libro que publicara Alberto Gerchunoff, que se convertiría en película de la mano del realizador Juan José Jusid, debido a que estos inmigrantes comenzaron a adoptar costumbres autóctonas, como el mate y los asados, pero mantenían sus tradiciones mientras sembraban y cosechaban, y formaban nuevos asentamientos.
La Viajera había escuchado hablar de que Lucienville fue la “primera cooperativa agrícola” que tuvo el país , pero no sabía que se trataba de una de las primeras colonias, y también desconocía que estaba compuesta por varias aldeas, una de ellas aún se conserva: Novibuco I mantiene el trazado original y muchos de sus edificios siguen en pie. Se puede visitar la sinagoga-rancho, una casa típica de la época, el Cementerio Israelita y la Mikve, que era un baño comunitario.

Sorprendida por saber que aún sigue funcionando, conoce la Sede Social Agrícola Lucienville Cooperativa Limitada, y ahora entiende por qué Basalvibaso es la “cuna del cooperativismo”. Más allá, dentro de la ciudad, la Casa de Inmigrantes narra las experiencias de los colonos, y la sinagoga Tefila L´Moises llama la atención por su estilo ecléctico.

Andar por aquellos caminos de tierra convierte la travesía en un viaje en el tiempo, y así por la ruta 20 la Viajera alcanza Villa Domínguez, otra población que surge alrededor de una estación de trenes. Sede de otra importante asociación, el “Fondo Comunal Sociedad Cooperativa Agrícola Limitada”, Villa Domínguez sigue manteniendo la tranquilidad de sus calles soñolientas, como en los primeros años.

El Hospital Dr. Noé Yarcho lleva el nombre del primer médico de la localidad, y al conocer la antigua Sinagoga, la joven se enterará que solo abre para el Año Nuevo Judío y para el Día del Perdón. Luego se va a acercar al Museo y Archivo Histórico, que no solo cuenta la historia del pueblo, sino también del resto de las colonias de la zona. La Viajera se emociona cuando le cuentan la cantidad de jóvenes que llegan hasta el lugar a buscar datos sobre sus abuelos, muchos de los cuales tal vez pasaron sus primeras noches, antes de ser ubicados en alguno de los campos cercanos, en el Galpón-Hotel de Inmigrantes, que aún conserva sus techos de chapa de zinc y los pisos de madera.

Pero la estación de Villa Domínguez era una de las dos estaciones principales de la mayor colonia del territorio: Colonia Clara, que ocupaba una amplia extensión en donde hoy se levantan diferentes localidades. Esta colonia, que lleva su nombre en honor a la esposa del Barón Hirsch, es el origen de Villa Clara, donde nuevos puntos de interés llaman la atención del visitante, como la Viajera, que le apasiona conocer otras costumbres, por eso el Museo Histórico Regional evacua sus dudas. Funciona dentro de la ex estación del ferrocarril, y en sus cinco salas expone elementos cotidianos de los colonos que pasaron por la zona.
Llama mucho la atención de la joven curiosa el hecho de que las mujeres se ubicaran separadas de los hombres durante las ceremonias religiosas, como en el caso de la sinagoga Beith Iacob, donde estas eran acomodaban en el primer piso. “¡Qué tiempos aquellos!”, reflexiona. Desde la década del ochenta esa costumbre fue erradicada, y ahora es un templo reformista, que sufrió remodelaciones en la actualidad, donde predomina la participación de las féminas.
El Cementerio es otro punto para recorrer, aunque para eso prefiere conocer el famoso Cementerio de Sonnenfeld, en la localidad de San Gregorio, al que se conoce como “la Recoleta de la Colonia Clara”, por la gran cantidad de personalidades que descansan allí. No es que a la Viajera le divierta precisamente visitar un cementerio, pero cuando camina entre las tumbas se da cuenta de que está frente a algo distinto.

En San Gregorio también se destaca la Casa del Administrador, donde se ubicaba el representante de la JCA, que oficiaba de intermediario entre la organización y los trabajadores, y la primera sinagoga, que data del año 1893.
El pueblo de Ingeniero Sajaroff, muy cerca de la ciudad de Villaguay, le quedará por conocer, al igual que el pequeño poblado de Carmel y su cementerio, otra localidad que tuvo sus inicios como parte de estas extensas colonias que se levantaban a la manera de las aldeas rusas, y en donde los inmigrantes construyeron un nuevo mundo y lo hicieron propio.

La Viajera Intrépida desanda el camino con nostalgia, luego de haber escuchado varias anécdotas y de vislumbrar la memoria tallada en los rostros de aquellos que también hicieron la historia argentina.
