Santa Fe, Sunchales
By Argentina • Dec 22nd, 2008 • Category: Turismo en el Litoral

Siete colores, como corresponde: rojo, verde, naranja, amarillo, azul, índigo y violeta. Los colores del arco iris. Y sí, es que los colores del arco iris, entre otras cosas, representan la bandera del cooperativismo, y como precisamente Sunchales es la Capital Nacional del Cooperativismo, era esperable que estos colores integraran el monumento que en la entrada de la ciudad le da la bienvenida a la Viajera Intrépida y a todos los visitantes.
En esta localidad del centro-oeste santafesino, ubicada a 133 km de Santa Fe, esta doctrina económica y social se ha desplegado, sentando sus bases. Las cooperativas abundan por estos pagos. La ayuda mutua, la responsabilidad, la igualdad y la solidaridad son algunos de los principios básicos que hacen a la “cooperación” de los integrantes de la comunidad, que celebra el “Día Internacional de la Cooperación” con actividades especiales durante la primera semana de julio.
La Viajera recorre la bella Plaza Libertad, porque piensa que para conocer el alma de un lugar siempre hay que comenzar por su corazón. El centro cívico la rodea, con su Municipalidad y la Iglesia como testigos de la vida pública. El retoño del Pino de San Lorenzo le causa dudas, nunca confía en que en verdad sea un vástago de aquel árbol bajo cuya sombra alguna vez se sentó el General San Martín.
En el otro extremo de la plaza, el mítico cañón de Sunchales, una antigüedad que alguna vez fue utilizada en el fortín. Se cree que eran cuatro, ya que era un Fuerte de Primer Orden el que se asentaba no muy lejos de allí, y que había sido construido en 1796 para defender a la zona del ataque de los malones. Desde el mangrullo un centinela custodiaba las casas de los primeros pobladores, que ya habían comenzado a cultivar y a criar ganado; el lugar también contaba con una capilla.
Pero si bien sirvió durante mucho tiempo, este fuerte tuvo algunos inconvenientes y fue saqueado en varias oportunidades, como cuando el General Belgrano reclutó a un numeroso grupo de Blandengues para acompañarlo en la expedición al Paraguay, dejando el lugar con poca guardia, lo que propicio un feroz ataque.
En la época en que la colonización parecía estar de moda en el amplio territorio, que ya podía comenzar a denominarse como “argentino”, se dispone la entrega de tierras a inmigrantes en la zona del Fuerte Los Sunchales (nombre que provendría de ‘suncho’, un arbusto que se extendía por el lugar). En 1867 llegan las primeras familias, pero la burocracia y la falta de compromiso por parte del gobierno provincial hicieron que el emprendimiento durara muy poco.
Por eso, la Viajera sabe que hubo una segunda colonización. El Fuerte seguía en pie cuando Carlos de la Mot, un empresario belga, comenzó a traer agricultores europeos a Los Sunchales. Pero como antecedente de los actuales políticos, De la Mot se erigió en dueño y señor de las tierras, y con el dinero del gobierno se construyó un palacio como residencia. El entusiasmo agrícola escaseaba, tanto como las ganancias, y la gente que vivía en el centro se dedicaba a las artesanías, a sus huertas y al comercio, aunque el éxodo era inminente.
La joven se ríe para no llorar: es la época de la tercera (y definitiva) colonización. Carlos Christiani, un médico alemán, fue el propulsor que logró que las tierras se repoblaran, pero ya no en la antigua localización, sino por donde pasaban los rieles del Ferrocarril Central Argentino, en el actual emplazamiento de la ciudad. Sunchales (el artículo se perdió en el camino, entre los documentos oficiales) fue fundada en 1886, y las familias españolas e italianas que habían llegado ya estaban asentadas en los alrededores de la plaza. Sí, la misma plaza por la que camina la Viajera.
Un niño vestido con el verde y blanco característico de uno de los clubes más importantes de la ciudad, Unión de Sunchales, juega a la pelota con su madre. La joven rememora que aquí también se celebra la “Fiesta Nacional de Fútbol Infantil”, y de paso también recuerda el bar ese que le recomendaron, el Unión, frente a la plaza, que se constituye en el lugar principal para calmar su hambre.
Por la tarde, repasará todos los datos al llegar al Museo y Archivo Histórico Municipal “Basilio Donato”, donde diversos elementos, dispuestos en cinco salas, cuentan la historia de los indios y los primeros colonos, llegando a nuestros días. Elementos musicales y deportivos, junto con banderas, vestimenta y cuadros, constituyen un importante patrimonio histórico y cultural.
Alguien le comenta de los Carnavales de la ciudad y los describen como “fantásticos”, por lo que la Viajera Intrépida ya tiene una regia excusa para regresar.
Antes de despedirse de esta ciudad de la Pampa Húmeda, se detiene en la entrada a observar La Rotania, la famosa cosechadora automotriz, primera en su tipo en el mundo, construida por el mecánico autodidacta Alfredo Rotania, que hoy es el orgullo de la ciudad, y ejemplo del progreso vivido en Sunchales, desde la llegada de los primeros colonos, hasta la actualidad.