Santa Fe, Cayastá
By Argentina • Dec 14th, 2008 • Category: Turismo en el Litoral

La Viajera Intrépida arriba a Santa Fe y en seguida se aleja de los centros urbanos más importantes de la provincia. Mientras maneja y escucha música, la joven piensa que ha tomado la mejor decisión. No entiende a las personas que les gusta leer el diario de atrás para adelante ni a aquellos que prefieren saber el final de la película antes de verla. Ella, en cambio, es ordenada y metódica, y siempre decide comenzar por el principio. Por eso en este caso elige ir a la génesis no solo de una ciudad o de una provincia, sino de toda una nación.
La ruta provincial 1 la conduce lentamente a aquel espacio que se convertiría en uno de los primeros asentamientos hispánicos de la Argentina. Hacia el norte, siempre hacia el norte, a contracorriente del río Paraná, que divide Santa Fe de la provincia vecina: Entre Ríos. Y no le toma mucho tiempo alcanzar Cayastá.
Mientras ingresa al pueblo, cambia de canción: “Si lo ataca la perrada, si lo apura el avispero, vengase pa´ este lugar, que no hay pago en todo el mundo pa´ curar dolor y pena como Punta Cayasta”, canta La Sole y la Viajera la sigue, porque no hay mejor compañía que la música para viajar.
Cayastá ofrece un hermoso paisaje rivereño, regalando cantidad de tonalidades de verdes, numerosas islas ideales para paseos de pesca, y buenos servicios para los visitantes. La joven llegó no solo para dedicarse a disfrutar el encanto natural de esta localidad perteneciente al departamento de Garay. Sabe que la historia ocupará parte de su recorrido.
Asentada en las costas del río San Javier, Cayastá se encuentra un kilómetro al norte de su mayor atractivo. Es que es precisamente a orillas de este río donde Juan de Garay, enviado con una partida de hombres con el fin de fundar una ciudad a medio camino entre Asunción y las costas del Río de la Plata, decide crear Santa Fe. El precario asentamiento de lo que luego sería Buenos Aires ya había sido abandonado, pero la boca del ancho río con su puerto natural era el punto ideal para establecer las comunicaciones con España, por eso la urgentenecesidad de poblar las zonas del sur.
Garay elige las orillas del río San Javier, demarca el terreno, traza las calles en perfecto damero, deja un espacio para la Plaza de Armas y elige los sitios que serán adjudicados a las diferentes órdenes religiosas. Como otras tantas ciudades organizadas por españoles, según las Leyes de Indias, Santa Fe queda fundada el 15 de noviembre de 1573.
La Viajera cada tanto levanta la vista para observar la exuberante vegetación de las orillas del río, pero luego se concentra en un folleto turístico que consiguió al llegar; necesita saber las razones que llevaron a sus habitantes a abandonar este precoz asentamiento un siglo después. El indio en la frontera, presionando, y la inclemencia de la naturaleza, erosión del río y crecidas hicieron que los funcionarios de la época vieran las decisiones de Garay con malos ojos.
Casi una década tardó el traslado de la ciudad desde este lugar hasta su actual ubicación, 80 km al sur, y la joven comprende esa cantidad de tiempo transcurrida. Si cuesta mudarse de una casa a otra, puede imaginar los líos que habrá acarreado mudar todos los edificios de una ciudad completa. En 1660 se levanta finalmente Santa Fe de la Veracruz, en su actual emplazamiento, y los antiguos terrenos quedan abandonados.
¿Qué pasaría luego en estos pagos?, se pregunta la muchacha, que recorre muchas de las calles de tierra del lugar, respirando el aire fresco y empapándose de la historia que tanto la apasiona. Cien años después, fue trasladada hasta aquí una reducción de indios, la de Concepción de Cayastá. El topónimo perduraría, aunque la reducción dejó de existir en las primeras décadas del siglo XIX.
Nadie se pone de acuerdo con respecto a los orígenes de este término: ¿será un vocablo de los Lules-Vilelas, indios que llegaron a la zona luego de su traslado desde Tucumán? ¿Significará “punto extremo” como aseguran algunos? ¿O “pueblo coya que se muda” en el dialecto de los pueblos aymaráes? “No importa”, piensa la joven que observa el movimiento del pueblo desde un banco de la plaza principal, frente a la bella Iglesia Natividad de la Virgen; lo interesante es que el nombre perduró incluso después, cuando estas tierras fueron adjudicadas al conde Tessières de Bois Bertrand, quien funda un poblado en las inmediaciones de lo que se conocía como el “pueblo viejo”.
Cayastá crece a su propio ritmo, pero toma un gran impulso cuando se descubren las ruinas de la antigua Santa Fe, lo que convierte a la zona en un Lugar Histórico. La Viajera Intrépida no ve la hora de conocerlas, pero primero dedicará su día a probar un sabroso plato regional y a retozar al sol solo disfrutando del dulce panorama que le otorga con esmero la pequeña Cayastá.
“Gloria ´e ser santafesino, tape duro de alma fuerte que no se sabe doblar… mano franca, voz amiga; mate, alero, asado y trago, venga cumpa está en mi pago aquí en Punta Cayastá”.