San Telmo: una vuelta al pasado y a los orígenes del alma de Buenos Aires

Es uno de los barrios más típicamente porteños, que conserva en sus calles el aire colonial del Buenos Aires de antaño. Con una reserva histórica y arquitectónica muy representativa y variada, ya que aglutina edificios de los siglos XVII, XIX y XX de estilo inglés, francés y art nouveau, es reservorio de una parte importante del patrimonio cultural de la ciudad.

San Telmo guarda la huella del paso del tiempo en cada esquina donde se pose la mirada. Cientos de historias quedaron entre sus estrechas calles empedradas y sus casas coloniales con rejas de hierro forjado.

Como el barrio de La Boca, San Telmo se nutrió de los idiomas y hábitos de los inmigrantes, dedicados generalmente a las actividades portuarias. Posteriormente al período de fiebre amarilla que azotó la ciudad entre 1870 y 1871, los nuevos habitantes de Buenos Aires ocuparon las grandes casonas que habían sido abandonadas por las familias aristocráticas de la zona. Subdividieron cada una de ellas en varias habitaciones pequeñas, que pasaron a ser ocupadas una por cada familia: nacían los típicos conventillos.

San Telmo, rico en historias y anécdotas, ofrece de día la posibilidad de recorrer sus numerosos anticuarios, donde se comercializan objetos antiguos de materiales como porcelana, cobre, plata, cristal, vidrio y madera. En las tiendas de antigüedades pueden encontrarse reliquias para todos los gustos, desde imponentes y lujosos vestidos de novia de época, muebles y alhajas, hasta los objetos más cotidianos como botellas, cacerolas, copas, juguetes, fotos y cartas viejas. Todos ellos, objetos que guardan la expresión inconfundible del paso del tiempo.

Es famosa la Feria de San Telmo, visitada por cientos de turistas cada domingo, que reúne puestos callejeros de antigüedades y artesanías muy variadas, al mejor estilo del Rastro madrileño y el Mercado de Pulgas de París.


En el Parque Lezama se puede disfrutar, los días sábados y domingos, de otra interesante feria de artesanías. También allí se encuentra el Museo Histórico Nacional, cuyas salas exponen valiosos testimonios del proceso histórico del país.
El parque posee también un Anfiteatro construido en 1914, en donde se realizan espectáculos al aire libre. Próximo a este se encuentra la fuente de Neptuno y las Náyades, originaria de Francia que data de 1931.

Hasta aquí, las actividades diurnas. De noche, la propuesta cambia. San Telmo se ilumina y el ritmo de tango se apodera de él: es el barrio que reúne el mayor centro de locales donde se interpreta y baila la música porteña por excelencia.

En El Viejo Almacén, con su frente pintado a la cal, ventanas bajas y una baranda de hierro que bordea la azotea, funcionó una casa de tangos, propiedad de la familia del que fuera gran cantante popular argentino: don Edmundo Rivero. Actualmente se puede disfrutar allí del mejor tango, en un lugar mítico de la ciudad.

Los amantes de la música tampoco pueden dejar de hacer una visita al Museo Vivo del Tango, y realizar una visita guiada donde se exhiben videos, instrumentos musicales, afiches, fotos y objetos personales pertenecientes a los más destacados cantantes de tango del país.

Todo aquel que desee conocer la esencia y el verdadero rostro de Buenos Aires, debe recorrer y dejarse transportar al pasado por el barrio de San Telmo.

Ludmila Pérez

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