Para la Viajera Intrépida aprender algo nuevo, sea lo que sea, siempre es una aventura emocionante. Por ejemplo, esta mañana se enteró que las Canteras de Santa Isabel, ubicadas en el Cerro Tiporco, se encuentran a cielo abierto. También se enteró que el mármol ónix, el gran atractivo de La Toma, es de origen hidrotermal, y que el material es ideal para la confección de todo tipo de elementos decorativos y utilitarios, pero luego se perdió la explicación, porque alguien hizo mención de una de sus palabras preferidas: ‘artesanías’.
En su visita a La Toma, saqueó los negocios que ofrecen todo tipo de elementos elaborados en pequeños talleres, pero seguramente tendrá oportunidad de adquirir algún otro suvenir de su paso por este centro turístico, que conforma uno de los puntos del circuito minero, junto con La Carolina y la Mina de los Cóndores.
La joven piensa que uno de esos casquitos con luz incorporada le quedaría muy bien pero, en realidad, no le encuentra mucha utilidad, menos para el viaje que debe continuar. Aunque cuando llega a Naschel, una pequeña localidad del departamento de Chacabuco, se arrepiente de no haber conseguido uno. Es que según le dicen, la palabra ‘naschel’ es un vocablo comechingón que significa “grito en la oscuridad”, sin embargo, una vez que da una vuelta rápida por el pueblo, no entiende el porqué de ese nombre. Como otros poblados que se vieron afectados al disminuir el auge ferroviario, Naschel comenzó a surgir gracias al impulso de las fábricas asentadas en la zona, dedicadas al papel y a la curtiembre.

A 17 km, el Dique San Felipe la hace detener su marcha. Por un momento se dedica a observar el enorme largo artificial, producto del aprovechamiento de las aguas del río Conlara. Muchos se acercan al lugar a disfrutar del día al sol, y a dedicarse a los deportes náuticos, de esos que a la Viajera le encanta observar más que practicar. Los que no descansan en las inmediaciones, pasan su tiempo, caña en mano, pescando pejerreyes, como muchos de los que llegan a pernoctar en los campings cercanos.

La joven deberá recorrer otros 11 km para alcanzar Renca, y mientras ingresa a esta pequeña e histórica localidad, piensa que en este caso su topónimo sí le rinde homenaje: “hierba andina”, significa en voz mapuche, tal vez por la tupida vegetación que crece en los alrededores.

En esta población, a orillas del río Conlara, se erige una de las capillas más antiguas de la provincia de San Luis, alrededor de la cual se comenzó a levantar Renca, en la época en que la zona era habitada por los padres jesuitas. Ellos mismos fueron lo que llegaron a la Argentina trayendo consigo la tradición del Señor del Espino: una talla de madera que representa a Jesús yacente en el tronco de este árbol, y que fue descubierta por un indígena en Chile.
La imagen que se halla en el templo de Renca es una réplica que sale en procesión todos los 3 de mayo, convirtiendo a la localidad en una fiesta religiosa a la que llega gente de todo el país. Por eso la Viajera quiso pasar por el lugar, y no dejó de contemplar la pequeña escuela fundada por Domingo Faustino Sarmiento, con su sencilla construcción que se conjuga con las edificaciones cercanas, dando la sensación de que este poblado se ha quedado dormido en el tiempo.
Ya que esta cerca (8 km), elige Tilisarao para almorzar, por ser este pueblo el centro de la zona que cuenta con todos los servicios necesarios para el turista. Mientras espera que el chivito llegue a su mesa, la Viajera desarma el topónimo que en voz diaguita o cacana significa “tierra del maíz salvaje”, y una vez más es un nombre acertado, porque esta población, que surgió como “Estación de Renca”, y era conocida por todos como “Renca Nuevo”, hasta que los vecinos deciden el cambio de nombre, es una gran productora de maíz.

El pensamiento queda flotando, el plato llegó a su mesa y ya nada importa.
Con el estómago lleno y el corazón contento, la joven retoma hacia el sur por la ruta nacional 148, y el Valle del Conlara aparece en su máxima expresión. Cuando observa los mágicos paisajes a través de la ventanilla, puede entender por qué dicen que esta es una de las zonas más hermosas de la provincia cuyana.

San José del Morro se halla a medio camino de Villa Mercedes, al pie del Cerro El Morro, un cono volcánico de extraña geografía y conformación. Pastizales, montes serranos e infinidad de quebradas y bellos arroyos, que componen un ambiente que merece ser conocido.
Allí, donde hoy se levanta la localidad, se había edificado un fortín y una posta, en el camino entre la región de Cuyo y Buenos Aires. El poblado creció en torno a una modesta iglesia que hoy es Monumento Histórico Nacional; en su museo se guardan valiosas reliquias, que junto con las excursiones al cerro y el balneario sobre el arroyo, constituyen hermosos atractivos para todos aquellos que, como la Viajera Intrépida, llegan al Valle del Conlara a disfrutar de sus bondades.
Es que según le dicen, la palabra ‘naschel’ es un vocablo comechingón que significa “grito en la oscuridad”, sin embargo, una vez que da una vuelta rápida por el pueblo, no entiende el porqué de ese nombre.
SE DICE QUE SE HACEN AQUELLARRES, SALAMANCA DE BRUJAS EN ESA ZONA, POR ESO EL NOMBRE NASCHEL.
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