Enclavada en plena Sierra de los Comechingones se encuentra Merlo, lugar que en los últimos años no deja de resonar como uno de los destinos turísticos más importantes, no solo de la provincia de San Luís, en la que se ubica en el sector noreste, casi en el límite con Córdoba, sino también de la Argentina. Y eso la Viajera Intrépida lo sabe, por ese motivo, cuando su abuela le pidió que la acompañase a pasar algunos días allí, la curiosidad pudo más, y ella preparó su bolso y todas sus expectativas para saber qué es lo que “tiene” la Villa de Merlo.

“Lo más importante de Merlo es el microclima”; si habrá escuchado eso la Viajera… unas mil veces aproximadamente, por eso mismo ahora viene a averiguar qué es el tan mentado ‘microclima’ del que todos hablan.

Debido a una conjunción de determinadas características (ubicación, altura sobre el nivel del mar, temperatura apropiada, componentes minerales de las sierras, baja humedad, naturaleza del suelo y del agua, y el tan importante fenómeno de ionización, entre otras cosas), se dice que este lugar tiene un microclima que es ideal para la salud de los individuos. Pasar allí unos cuantos días cambia el ánimo de los visitantes, porque este clima particular produce una energía especial que se siente en el aire, y es allí donde la Viajera busca los famosos ‘iones negativos’ como si fuesen luciérnagas que vuelan en círculos.

Tal vez le lleve un cierto tiempo dejarse encantar por el ambiente benigno de este lugar, pero pronto va a comprender que no solo el clima la ayudará a relajarse, también debe poner su cuerpo y mente al servicio del descanso, comenzando por “desenchufarse” de los problemas cotidianos, hecho que a veces no resulta tan sencillo.
Le parece curioso sentarse en la plaza principal, “Marqués de Sobremonte”, virrey del Río de la Plata, fundador de este pueblo, cerca de la reconstrucción del antiguo aljibe, y admirar la fachada de la Capilla Nuestra Señora del Rosario y de otros tantos edificios que contrastan con la modernidad de las obras edilicias levantadas en las calles, donde todavía se respira un cierto aire colonial.



La abuela accede a recorrer rápidamente la zona donde varios miradores obsequian hermosas vistas del Valle de Concarán. También se acercan a conocer el célebre Algarrobo Abuelo, y si logra convencerla, pueden dar un paseo por el Museo del Poeta Antonio E. Agüero, quien fue el que lo designó como la “catedral de los pájaros”, dándole aún más reconocimiento del que de por sí se merece un árbol por seguir en pie después de más de 800 años.


La Viajera duda mucho de poder recorrer otros lugares cercanos, como el Salto de Tabaquillo o el Vía Crucis del Cerro Mogote Bayo, pero no se apena, a veces, como en este caso, prefiere caminar poco y descansar más. Lo mismo piensa su abuela, aunque por las noches se escape a jugar en alguno de los casinos del pueblo. Por eso la nieta sabe que la gran cantidad de actividades de turismo aventura que se ofrecen en los diferentes lugares del “camino de la sierra”, propicios para los amantes de los desafíos, quedarán para otra oportunidad.

Pero como su abuela, cuando quiere, detenta una divertida juventud que parece escasear en la chica, la apura para que todas las mañanas puedan ir a conocer los lugares cercanos. Así marchan a refrescarse en los balnearios de Cerro de Oro, Carpintería, Los Molles, Cortaderas, Villa Larca y Papagayos, disfrutando a la sombra de las frondosas arboledas, descansando bajo el sol, a orillas de hermosos arroyos y de ollas formadas por agua de cascadas, rodeadas de uno de los paisajes serranos más bonitos de San Luís.


Pero un día de soledad es concedido a la joven que quiere realizar un safari fotográfico en el Bajo de Veliz, importante yacimiento paleontológico que dista 46 kilómetros del pueblo. No mucho más lejos también podrá visitar la antigua mina “Los Cóndores”, cercana a la localidad de Concarán. Es que hay tantas cosas que hacer en los alrededores, y tan poco tiempo…

Pero no faltarán oportunidades, piensa la Viajera Intrépida mientras saborea un exquisito chivito. ¿Por qué no volver para la Fiesta del Chivito Puntano que se realiza en el mes de septiembre? O para cualquiera de las tantas fiestas que se llevan a cabo en la zona, total cualquier excusa es buena para volver a disfrutar de los arroyos, cascadas, quebradas y saltos y, por supuesto, del aire puro que ofrece el idílico paisaje de la Villa de Merlo.