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San Luis, El Volcán y La Toma

By Argentina • Dec 10th, 2008 • Category: Turismo en Cuyo

No se quiere ir, sabe que en menos de una hora deberá continuar camino, pero no quiere. El sol de la mañana hace brillar las gotitas de agua que vuelan al caer sobre el pileton natural, alimentado por aquel salto, uno de los tantos que forman parte la zona de El Volcán, localidad ubicada a solo 18 km de San Luis. Todo es tan hermoso allí. La Viajera Intrépida nada en el espejo de agua de La Hoya, el lugar preferido de los visitantes, ideal para pasar todo el día. Por eso, mientras toma la toalla para secarse, ya decide que volverá a esta villa veraniega antes de que caiga el sol.

El calor arrasa la ruta provincial 20, por donde la joven avanza. A 84 km de la capital de la provincia, la espera La Toma, en pleno Valle del Conlara, corredor fértil que se extiende entre las sierras de San Luis y la de los Comechingones. En esta ciudad el sol parece obstinado a incendiar las calles desérticas. Está a la espera de una bola de estambre que recorra el horizonte sin rumbo, o un duelo de pistolas, lo que llegue primero, pero como nada acontece, aprovecha la soledad para recorrer las distintas casas de artesanías que se extienden por la avenida Mármol Ónix. “Menudo nombre”, piensa la Viajera, que ya tiene en las manos un cenicero hecho con esta piedra verde, color característico de la zona.

Pero el cenicero será rápidamente depositado sobre el mostrador, porque sus ojos ya vislumbraron otras bellezas: juegos de ajedrez, lámparas, relojes, joyería, adornos y hasta increíbles muebles, de todo para los ávidos compradores de artesanías.

El mármol ónix no solo está en el nombre de la calle y en las vidrieras de las tiendas, esta piedra semipreciosa es la forma de vida y el símbolo de esta ciudad puntana, por algo La Toma es la “Capital del mármol ónix”, donde se lleva a cabo la “Fiesta Provincial”, celebrando a este material que es el protagonista del recorrido.

Curiosa y metida, la Viajera visita un taller, donde los artesanos crean todo tipo de objetos maravillosos, y un chico simpático le regala la cabecita de un caballo tallado en mármol, que hace en el momento para el asombro de la chica que no cuenta con las manualidades entre sus habilidades.

Con su caballito en el bolsillo, sigue caminando bajo el sol, de negocio en negocio, y sale de uno de ellos con más bolsas de regalos y una cadenita colgando de su cuello: un dije con forma de luna creciente realizado en lapislázuli, su piedra preferida, porque en esta zona turística del país también se trabajan otras piedras de diferentes procedencias, como las fluoritas o las turmalinas.

En uno de los talleres, donde también se asoma para conocer, se entera que esta piedra verde de tonalidades verdosas y vetas marrones solo se encuentra en este rincón del mundo. Además, sabrá que La Toma, que recibe su nombre de una toma de agua instalada en la zona por un hacendado francés, se convirtió en un centro minero luego del descubrimiento, en 1895, de la Cantera Santa Isabel, que se halla ubicada en el Cerro Tiporco, distante a 35 km. Pero el poblado se originó antes debido a la llegada del ferrocarril, y se fundó un año más tarde, en 1906.

La joven lamenta no poder conocer la Cantera, que solo se visita por la mañana, pero se llega hasta la ruta porque le comentaron que el Museo Parador Minero es imperdible. Se asombra del orden que reina allí dentro, donde minerales de todo el mundo son exhibidos de manera clara, lo que permite conocer su tamaño y lugar de origen. Un cristal de roca de 35 kg es la estrella del lugar, donde los colores, las tonalidades que varían a la luz del sol, y las formas y tamaños compiten por la atención de los visitantes de este reservorio expositor.

Antes de dirigirse a refrescar su cuerpo, la Viajera Intrépida está intrigada por conocer, aunque sea solo desde afuera, esa peculiar construcción que es símbolo de La Toma: algunos lo llaman “el Castillo”; otros, simplemente, “la Toma vieja”, pero lo cierto es que hoy constituye un atractivo destacado, no solo por la edificación, con su torreón y las ruinas de lo que parece ser una fortaleza medieval, que resguardaba a los habitantes en las épocas donde los malones aún representaban un peligro, sino también por su historia y por el significado que tiene para los lugareños.

El Balneario Municipal “Monitor Fernandez” se ubica a solo 4 km y es uno de los lugares más visitados cuando el calor azota la ciudad, como este día en particular en que la joven se pasea por La Toma. En este centro de recreación sobre el río Rosario es donde se celebra la “Fiesta del Ónix”, el folclore asalta la ciudad y los artesanos pueden exponer sus mejores obras.

Cuando termina su paseo, arranca el auto con una sonrisa de relax, y aunque no pudo recorrer todo lo que quería, ya se reservó otro día para visitar este precioso valle. Si se apura y tiene suerte, El Volcán volverá a recibirla en el preciso momento en que el sol baje sobre el dique. Un bello atardecer más en las tierras sanluiseñas.

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