San Luis, Capital
By Argentina • Dec 1st, 2008 • Category: Turismo en Cuyo

“Ponete un nombre”, piensa la Viajera Intrépida socarronamente. Es que el nombre de la capital de la provincia de San Luis, en sus orígenes, no era tan corto como se lo conoce hoy: “San Luis de Loyola Nueva Medina del Río Seco”. Imposible de recordar. San Luis en honor a San Luis Rey de Francia; por el Capitán General de Chile, llamado Don Martín García Oñez de Loyola, es la segunda parte. Y como el fundador, Luis Jufré (misteriosamente también se llamaba Luis, ¡qué casualidad), también quería dejar su impronta, para finalizar le agregó el nombre del pueblo español donde había nacido su padre. ¡Qué mezcla!
“Estas cosas pasan solo en Argentina”, se ríe la joven (para no llorar) cuando lee en un folleto que el acta fundacional de la ciudad, que servía de hito entre Buenos Aires y Santiago de Chile, se extravió, y por eso debió ser refundada. Por supuesto, también fue mudada varias veces de zona, hasta asentarse en el emplazamiento actual, siempre junto al río Chorrillo y al pie de las sierras, en el lugar denominado “Punta de los Venados”, de aquí que a sus habitantes se los llame “puntanos”.
Para empezar a recorrer la ciudad, la Viajera elige la Plaza Independencia, antigua “plaza mayor” o “plaza de armas”, en donde se centraba la vida de los primero habitantes. Muchos de los edificios de esa época ya no existen, salvo por el Convento de Santo Domingo, construido a finales del siglo XVIII, que es el edificio más antiguo de San Luis. Tras sus muros los vecinos encontraban refugio durante las incursiones de los indios contra la ciudad. Hoy en día, alberga actos culturales, espectáculos, conciertos y exposiciones, además de un Mercado Artesanal (en el que la joven pasó unas cuantas horas dando vueltas) y la famosa Fábrica de Alfombras.
Contrasta la sobriedad del viejo templo de la Virgen del Rosario del Trono (también, como el Convento, Monumento Histórico Nacional), al compararlo con la edificación de la nueva Iglesia, construida en un exótico estilo mudéjar, con un interesante altar mayor que se ubica bajo una arcada de inspiración mozárabe.
Del otro lado de la plaza, de estilo renacentista francés, la Casa de Gobierno se levanta en el solar donde se ubicaba el Colegio de primeras letras que manejaban los jesuitas, cuando este era aún un pequeño pueblo colonial. La Viajera se da cuenta que la actual ciudad aún preserva muchos antiguos edificios en excelente estado de conservación; aunque el progreso y la modernidad se nota mientras camina, si se alejara del centro cívico donde la vida de los puntanos se moviliza, notaría que las calles amplias se extienden en su trazado regular, con amplios patios, hermosos jardines y ese sol cuyano que invade la mayoría de los días del año, ya sea durante el invierno o el verano.
La plaza central no dista muchas cuadras de la anterior, y hoy es el corazón de San Luis. En honor a Juan Pascual Pringles, un monumento se levanta en el centro y recuerda a quien fuera soldado del Regimiento de Granaderos a Caballo, considerado el máximo héroe puntano de la independencia. Varios grupos escultóricos decoran la florida plaza, como por ejemplo las esculturas que representan a las cuatro estaciones y que se ubican en cada vértice.
La Catedral acapara las miradas de todos con su imponente arquitectura; en su interior descansan los restos del Coronel Pringles. El templo mayor se ubica en lo que fue el solar donde se levantaba la casa del gobernador Vicente Dupuy, lugar donde, en 1816, se juró la independencia. Amigo de José de San Martín, lo albergó en varias oportunidades cuando el Libertador estaba de paso por la ciudad. Ahora la Viajera observa con una sonrisa el quebracho blanco, que aún sigue en pie al costado de la iglesia, donde se dice que el General ataba su caballo.
El Colegio Nacional “Juan Crisóstomo Lafinur” y la Escuela Normal de Niñas son otros de los antiguos edificios que rodean la Plaza Pringles. Desde una de las esquinas parte la avenida Presidente Illia, remodelada en la década del noventa, que conecta en forma de bello paseo este centro con la ex Estación del Ferrocarril.
Por la tarde, la joven, dispuesta a sacarle jugo a la ciudad, se dirige a conocer los museos. En homenaje a la escritora, investigadora folklórica y de arte rupestre, es que este museo multidiciplinario lleva el nombre de “Dora Ochoa de Masramón”, con salas dedicadas a las bellas artes, a las ciencias naturales y paleontología (donde se destaca el fósil de una araña gigante única en el mundo), y a la historia de la ciudad, con una importante área arqueológica. Por eso la Viajera pasará horas dando vueltas entre sus vitrinas, y conociendo un poco de todo.
Antes de que el sol caiga, camina tranquila por las calles y respira el aire serrano. Al otro día nuevas excursiones la esperan. Es que además de ser el centro administrativo más importarte de la provincia de San Luis, la ciudad homónima guarda un encanto particular y, por su excelente ubicación, permite hacer varias excursiones que no tienen desperdicio, como conocer el Parque Nacional Sierra de las Quijadas, recorrer valles y quebradas, disfrutar de los embalses y las playas cercanas, como Potrero de Los Funes (20 km); El Trapiche (38 km); La Florida y Nogolí (45 km); y en invierno relajar el cuerpo con las beneficiosas aguas termales de Balde (32 km) o admirar las Salinas del Bebedero.
Tiene tanto para recorrer, que hoy nuestra Viajera Intrépida, cambia la interesante movida nocturna de San Luis por la cama mullida, y se acuesta temprano para reponer fuerzas y salir a conocer los alrededores puntanos.