“Y después en caballos redomones/que urticaba la prisa de la espuela/galoparon los Chasquis por las calles/de la ciudad donde Dupuy gobierna/conduciendo papeles que decía:/‘El General de San Martín espera/que acudan los puntanos al llamado/de libertad que les envía América’…”, lee la Viajera Intrépida, lee y absorbe.
Años atrás, cuando era aún una pequeña chiquilla traviesa, correteaba por el lugar, daba vueltas, a todas luces aburrida, y se sentía obligada, obligada por sus padres que parecían encantados con esa mole de piedra, con historias de batallas y sangre, y datos históricos. ¡Oh, Dios, datos históricos!, eso sí que era un horror para ella. Y sus padres encantados por una poesía que hablaba de algo que ella no entendía, y que tampoco le importaba.
Ya poco queda de esa chiquilla, y ahora, muchos años después, observa las palabras con la misma atención con que sus progenitores absorbían las mismas letras grabadas en mármol, y se emocionaban con la historia de los jóvenes que dieron su vida por la patria. ¡Qué diferentes eran aquellos tiempos! ¡Qué diferentes las ideas, las fuerzas, los propósitos!
“…Y los hombres dejaban el arado,/o sollaban azada o podaderas/o la hoz que segaba los trigales,/o la taba o el truco en la taberna/o el amor de la jóvenes esposas,/o la estancia feudal o la tapera,/o el cedazo que el oro recogía/cuando lavaban misteriosa arena,/o el telar, o los muros comenzados,/o el rodeo de toros en la yerra…”, reza una parte de la inscripción que da la bienvenida al “Monumento al Pueblo Puntano de la Independencia”, que a la joven ya no le parece tan grande, pero sí igual de imponente que en su niñez.
A solo 14 km de la ciudad de San Luis, en las tierras que pertenecían al alcalde Tomás Luis Osorio, se levanta hoy este monumental homenaje a los hombres que dejando sus vidas atrás, se alistaron para luchar por la Independencia. En las “Chacras de Osorio” se asentaba el campamento militar donde se adiestraron a los futuros soldados que formarían parte del Regimiento de Granaderos a Caballo. Jóvenes de todas las localidades de la provincia que llegaban hasta el lugar con ningún conocimiento de armas o luchas, pero que daban su vida por pelear junto al General San Martín del otro lado de la Cordillera. Los nombres de estos soldados están listados en paneles dentro del monumento.


“… Y San Luis obediente respondía/ahorrando en la sed y la miseria/río oscuro de hombres que subía,/oscuro río, humanidad morena/que empujaban profundas intuiciones/hacia quién sabe qué remota meta…”
Inaugurado en 1992, esta colosal construcción asombra por su tamaño, por su belleza, por su historia. Es que encontrar semejante edificación de piedra en el “medio de la nada” no es cosa de todos los días. El Monumento se divide en varias partes, aunque seguramente lo que más sobresale es la parte superior, donde un grupo escultórico corona el lugar histórico.
En el interior, el Templete de las Reliquias encanta a la Viajera, que se asombra al ver ingresar esos rayos de luz que iluminan el recinto circular. Bajo una bóveda traslúcida, una pequeña pirámide de vidrio guarda las urnas que contienen los restos mortales de Basilio Bustos, José Gregorio Franco y Jenuario Luna, los tres granaderos de Renca, caídos en el Combate de San Lorenzo.

Mientras asciende, la joven observa las rocas y granitos que fueron extraídos de canteras de la provincia de San Luis para levantar esta bella construcción. En la parte superior, el anfiteatro Patricias Puntanas tiene capacidad para mil personas. Desde allí nuestra Viajera Intrépida aprecia el panorama, los árboles, bancos y faroles que rodean la edificación, y las Sierras de San Luis que enmarcan Las Chacras.


El sol está en su cenit cuando la joven deja atrás la ciudad y recorre la ruta provincial 18. Es imposible no quedarse con la boca abierta mientras se atraviesa la Quebrada de los Cóndores; imposible no sentirse diminuto ante aquella inmensidad natural que sirve de entrada al Embalse Potrero de los Funes, resultado del primer dique que se instaló en la provincia.

Nuevamente no podrá cerrar la boca, la belleza de aquel lago rodeado de vegetación impacta. Por algo es uno de los lugares más visitados de la zona, que solo se encuentra a 18 km de la capital puntana, y forma parte del “Circuito Serrano Chico”. Luego de rodear el embalse, sitio de recreación, playas, campings y escenario de todo tipo de deportes náuticos, la Viajera continúa la ruta, acompañada por vegetación autóctona y numerosos arroyos, para llegar a otro polo de atracción turística: El Volcán. Pero esta vez pasará de largo, ya tendrá tiempo de visitarlo.

La ruta provincial 20 es la que la devolverá a la ciudad, pero sabe que muy cerca de allí otro extenso embalse también provee de energía a la zona: el Dique Cruz de Piedra. Antes incluso de saber dónde va a comer, ya saborea el chivito que degustará con sus manos en algún restaurante de San Luis.

La ruta permanece calma al mediodía, la Viajera pierde su mirada en el verde que observa a través de su ventanilla, y las palabras de aquel poema aún resuenan en su mente: “…Y quedaron chiquillos y mujeres/solo mujeres con las caras serias/y las manos sin hombres esperando/en San Luis del Venado y de las Sierras”.