
Una caminata por la playa luego del amanecer es una de las actividades preferidas de la Viajera Intrépida. El sol proyecta sus rayos en el mar y crea hermosos tonos verdosos y azulados. La arena fina se extiende a lo largo de los 20 kilómetros de playa de Mar del Plata, interrumpida en algunos puntos por enormes cúmulos rocosos que modifican el paisaje.
Sabe que La Perla es la primera playa céntrica viniendo desde el norte, además de ser la más tradicional y elegida por los propios vecinos de la zona. En el punto donde Alfonsina Storni se quitó la vida, una simple escultura de Luis Perlotti recuerda a la famosa poetisa. “Te vas Alfonsina con tu soledad, ¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?…”, canta la joven al emprender nuevamente la marcha hacia las playas más concurridas del verano: la Popular, con el original muelle del Club de Pesca, y la Bristol, precedida por las enormes figuras que recuerdan a los antiguos dueños de la costa: los lobos marinos. Es monumental el ecléctico conjunto arquitectónico en el que se extiende la Rambla, que sigue constituyendo el paseo preferido de los turistas que colman la amplia y variada infraestructura hotelera durante los meses estivales.
La enorme y llamativa estructura edilicia del Torreón del Monje sobresale en Punta Piedras, siendo la única edificación existente sobre la playa. Desde sus terrazas se puede tener una hermosa vista de la Bahía Bristol, mientras se toma algo en la confitería. Las playas Del Torreón ganaron adeptos, por su cercanía a la ciudad y debido a la ampliación que sufrieron cuando se ganó terreno al mar. Algo similar sucede con la pequeña Playa Varese, protegida por un espigón que convierte a la zona en el ámbito ideal para la práctica de deportes náuticos.
Más adelante aparece la Playa Chica, donde una considerable extensión de rocas sirve a los bañistas para retozar al sol, y la separa de Playa Grande. Limitada al norte por la escollera, es una de las más concurridas y en donde se realiza el clásico Bikini Open. Es por esa zona donde aún sigue en pie el chalet de troncos, construido en la década del treinta, que dio origen al tradicional Barrio de Los Troncos.
El enorme e importante puerto atrae a los fanáticos de la pesca y a los paladares exigentes, que llegan tentados por probar alguna delicia de mar. En la escollera sur se encuentra la Reserva Faunística, donde una gran cantidad de lobos marinos de un pelo vive hacinada. El olor de la zona portuaria hace que la Viajera se quiera alejar rápidamente, pensando en cuándo será la ocasión en que alguien haga algo por estos pobres animales. Siempre se habla de un traslado, pero año tras año los lobos siguen encontrándose en la ciudad, así como sus réplicas de piedra.
Ya está agotada de tanta caminata, pero si siguiera hacia el sur se encontraría con el extenso Complejo Balneario de Punta Mogotes y las playas Del Faro, elegidas por todos aquellos que buscan un poco de tranquilidad. El faro en forma de torre, con sus rayas blancas y rojas, corona la zona. Cerca de allí, el extenso Bosque Peralta Ramos esconde un barrio residencial de exquisitas construcciones. Y sí que hay construcciones para admirar en Mar del Plata: entre las hermosas iglesias, también se levanta la Torre Tanque, que llama la atención por su estilo normando, a la que se puede ascender para obtener una bella vista panorámica.
Pero si se habla de edificios emblemáticos, no se puede ignorar las construcciones más espectaculares del pintoresquismo del siglo XX, levantadas por la aristocracia de Buenos Aires, que encontraba, a no muchos kilómetros de la ciudad capital, el lugar perfecto para establecer sus residencias de verano. Tal vez los museos no constituyan el aliciente principal de los que llegan a “La Feliz”, pero merecen una visita aunque sea para contemplar las bellezas edilicias. En la Villa Mitre se encuentra el “Archivo Museo Histórico Municipal”, y la Villa “Victoria Ocampo” alberga un importante Centro Cultural. En la Villa “Ortiz Basualdo” se localiza el Museo Municipal de Arte “Juan Carlos Castagnino”. Los chicos enloquecen al conocer el Museo de Ciencias Naturales, aunque algunos prefieren hacer una visita al Oceanario “Mar del Plata Aquarium”.
Si bien la gente transita durante todo el día por las calles peatonales, en las inmediaciones de la enorme Plaza Colón, no es hasta la noche cuando el centro marplatense explota. Los turistas buscan bares, restaurantes, todo tipo de negocios, y sacan entradas para los múltiples espectáculos que ofrecen los reconocidos teatros; otros se pierden en los casinos. Pubs y boliches se convierten en el destino de los jóvenes que probablemente amanecerán en alguna de las playas. La Viajera desestima el trasnochar, porque al día siguiente la espera una visita a la Sierra de los Padres, otra de las tantas excursiones que Mar del Plata ofrece a sus fieles turistas.