Mendoza resguarda entre sus bellezas naturales al majestuoso Cerro Aconcagua. Su cumbre de nieves eternas, desafío para montañistas y escaladores de todo el mundo, es la más alta de América. Mide 6.959 metros sobre el nivel del mar en su cumbre Norte y en la cumbre Sur, 6.930 metros. Ocupa 71.000 hectáreas y se encuentra a 180 kilómetros de la capital, en el Parque Provincial Aconcagua, creado para proteger su riqueza natural y patrimonial. Para llegar se transita la ruta nacional Nº 7, hasta Uspallata, con dos accesos para elegir: la Quebrada de Vacas, y la Quebrada de Horcones, desde Puente del Inca. Desde Mendoza, existen colectivos de media distancia, que salen desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, de lunes a viernes. El viaje dura tres horas y media entre extensos y profundos valles. Los dos caminos desbordan en paisajes y matices entre el blanco y el azul.



El Parque está administrado por la Secretaría de Medio Ambiente de la provincia y por lo tanto es necesario cumplir con una serie de normativas para ingresar. El aire seco y frío nos recibe y la aventura comienza. Se puede elegir entre trekking largo que dura siete días, uno corto de tres días o el trekking diario, un día completo, que tiene el menor costo. Otra de las opciones es el ascenso que dura veinte días, y tiene fechas pautadas según la temporada.



Este maravilloso sitio natural, contiene un tesoro de aguas dulces, formadas por los glaciares y cabeceras de cuencas. En total los glaciares cubren 32 km2. Una biodiversidad vegetal y animal fundamental para la cadena trófica del ecosistema andino, cubre de vida el valle helado. Encontramos tonalidades amarillas en todo el entorno. Debido al constante viento y al frío, abundan las plantas achaparradas, entre ellas la yareta y la leña amarilla y en la orilla de los cursos de agua, las vegas y mallines. En el camino es posible encontrarnos con lagartos, lagartijas, sapos y ratones de montaña. Desde las alturas, pumas, guanacos y zorros se desplazan a zonas mas bajas en época de nevadas.



Recorrer el Parque Aconcagua impone cuidados y silencios que acompañan el camino. Es reconocida la rigurosidad del clima. La diafanidad del cielo de altura, un azul purísimo que permite la fuerte radiación solar, obliga a llevar la más alta protección para la piel. La aridez del clima más el aire sumamente seco provoca grandes pérdidas de líquido. Las temperaturas bajan muchos grados en cuestión de minutos al perderse el sol, pasan de más de 25º C a -5º C en los valles bajos. Las caminatas insumen gran esfuerzo físico debido a las pendientes de montaña en espacios solitarios y abiertos, el aire seco de altitud y la falta de oxígeno.



Recorrer los senderos del Aconcagua, sin embargo, es quizás una de las pocas oportunidades del encuentro sobrecogedor entre el hombre y la Creación.