A 40 km de Puerto Iguazú, situado en el extremo nordeste de la República Argentina, se encuentran las famosas minas de Wanda, donde se haya un maravilloso yacimiento de piedras semipreciosas.
Cristales de cuarzo y de roca, amatistas, jaspes, ágatas y topacios –entre las variedades más importantes- surgen de las profundidades de la tierra, para resplandecer ante la mirada sorprendida de los cientos de turistas que diariamente visitan estas minas, donde la naturaleza estalla en mil formas y colores diferentes.
Fue en el año 1976 que se descubrió la primera veta de piedras semi-preciosas en Wanda. El basamento en que se apoya la provincia de Misiones –el macizo de Brasilia- se formó en la era terciaria, hace unos ciento cincuenta millones de años aproximadamente, y sufrió distintas coladas de lava proveniente del centro de la tierra. Cuando se enfrió la lava, los globos de gas quedaron aprisionados y formaron el basalto, que es la roca madre que da origen a la formación de piedras preciosas de la región. Como resurgiendo de las entrañas mismas del planeta, quedaron de testigo estas maravillosas gemas yaciendo aprisionadas al ras del suelo.

La localidad de Wanda debe su nombre a una princesa polaca a quien le fascinaban las gemas. Recostada sobre el caudaloso río Paraná, permite a sus visitantes deleitarse con este singular atractivo bajo un cielo abierto, con sus tesoros brillando sobre la faz de la tierra, contrastando sus múltiples colores con el rojo característico de las tierras misioneras.
Las piedras se encuentran tanto al aire libre como en cavernas subterráneas. Un guía local se encarga de recibir a los curiosos y llevarlos al interior mismo de las minas, donde se pueden ver y tocar todas las piedras semipreciosas mientras nos relata su origen geológico y conformación química. Los visitantes pueden, también, acompañar de cerca la extracción de las gemas y su posterior lapidación, que las convierte en superficies totalmente lisas y brillantes, resaltando sus colores originales.

Posteriormente, las gemas se convierten en valoradas artesanías que recorren el mundo. En el Museo de Piedras que se emplaza próximo a las minas, hay tiendas especializadas donde se pueden adquirir muestras brutas o trabajadas, de distintos tamaños y tipos.
Las piedras lucen diversas formas y colores, y le otorgan a las minas una mística y un encanto especial. Las tonalidades violáceas de la amatista, el amarillo del topacio y el verdor del jaspe, formando primas hexagonales, piramidales y octaedros con caras multifacéticas que reflejan la luz, hacen creer por un momento que se está en un lugar de ensueño.

Por su cercanía con importantes fuentes naturales, como las Cataratas del Iguazú y el río Paraná, y el verde, el aire y la tierra fértil del Parque Nacional Iguazú, y por el particular poder de las piedras, el lugar emana una energía positiva de gran intensidad, que los turistas perciben y absorben, saliendo de Wanda con una fuerza especial que, como las piedras mismas, brota del centro de la tierra, del aire y del agua.
Visita obligada a todos aquellos que acceden a las cataratas del Iguazú, en Wanda se asiste a una extraordinaria obra que la naturaleza creó hace millones de años, modelando tesoros y exhibiéndolos en las rojizas tierras misioneras, como formando un collage donde la Madre naturaleza fue la única artista.
Ludmila Pérez