A 120 kilómetros de la ciudad de Santa Fe, Melincué renace volviendo a su destino de ser un centro turístico de excelencia. Las historias de los lugareños rescatan del recuerdo, tiempos prósperos que se mezclan con leyendas de bravíos caciques y rencorosas mujeres. Sin saber si algo tuvo que ver la maldición de la mujer del cacique Melin en las inundaciones que casi borra la ciudad, Melincué recupera su brillo y su esperanza.
La laguna Melincué tiene 12.000 hectáreas, y contiene en su hábitat una diversidad de aves y especies acuáticas. Las propiedades de sus aguas son reconocidas en todo el país entre las mejores por sus efectos curativos. En la década del 30 era uno de los centros turísticos más importantes de Santa Fe, visitada por miles de turistas y veraneantes en busca de la reconfortante compañía de sus aguas saladas. Un imponente hotel en una de sus islas recibía y brindaba confort. Pero las constantes y temibles inundaciones ocasionadas por el crecimiento desmedido de la laguna causaron el despoblamiento de la ciudad.

La reciente inauguración de un elegante Casino y un hotel con tres restaurantes, recortado en el horizonte del gran espejo de agua ha logrado que el pueblo de Melincué comience a renacer, activo y pujante. Artistas plásticos, expertos en temas hídricos, y el pueblo mismo con sus representantes reconstruyen el viejo paraíso termal. Un museo personal, el de Emilio Pizzinato, se abre para contar la vida social de lo que fue Melincué y el tradicional hotel que tuvo que cerrar después de la inundación que arrasó con casi todo, en la década del 70. Casi todo, menos la fe y el amor por la laguna y la vida que resguarda.
Uno de los que apostó es el Melincué Casino & Resort, que ofrece un confort de calidad y excelente gastronomía. Cuenta con 15 mesas de paño, cien máquinas tragamonedas de última generación y 15 mesas de bingos especialmente acondicionadas junto a una playa de estacionamiento para 140 vehículos. Un modernísimo Centro de Convenciones, con espacios para conferencias convenientemente aislados, completa la infraestructura necesaria para los encuentros más exigentes.


Mientras el pueblo recupera confianza, la naturaleza se despliega en todo su esplendor. La serenidad de la laguna se transfiere al espíritu, y las aguas siguen calmando dolencias. Los baños son muy recomendados para afecciones reumáticas Las actividades náuticas y deportes al aire libre son variados y para todos los gustos durante el día. Muchos son los que eligen hacer campamentismo y aprovechar las reuniones amistosas de los flamencos para tomar fotografías.
Los paseos históricos por la ciudad permiten conocer detalles de la vida del siglo pasado en la pampa húmeda. El Mangrullo, declarado Monumento Nacional en 1944, recuerda lo que fue la defensa contra los malones ya que desde ahí se daba la voz de alarma para que los pobladores pudieran refugiarse. Cuentan los lugareños que fue justamente la mujer del cacique ranquel Melin, la que vaticinó que las inundaciones acabarían con Melincué si no se erigía un monumento al indio. Y por si acaso, el pueblo se encuentra trabajando en ello.
María Inés Medina