Jesús María se encuentra a 48 Km. al norte de la ciudad capital de la provincia de Córdoba. Su nombre es sinónimo de música, folklore y de una de las destrezas mayores de nuestra tradición gaucha: la doma.
Está ubicada en la zona de contacto del piedemonte oriental de la Sierra Chica con la Llanura Pampeana. Es un lugar con raíces muy antiguas y una notable riqueza cultural. Su desarrollo como otras zonas de Córdoba está vinculado a los jesuitas. En principio fue un poblado indígena llamado “guanusacate”, “agua muerta o bañado”. Hoy es el centro financiero y agrícola más importante del norte cordobés. En sus inmediaciones existen importantes estancias que se dedican tanto a la labor del campo como al ecoturismo o el turismo de estancia.
El Festival Nacional de Doma y Folclore que se realiza todos los años en el mes de enero es reconocido internacionalmente. Este evento reúne, gauchos y jinetes de todo el país y el Mercosur, que con suprema habilidad emocionan a los miles de visitantes que recibe Jesús María. La música es protagonista fundamental con exponentes de nivel nacional e internacional.




El visitante puede además recorrer sitios de singular valor arqueológico e histórico y realizar actividades al aire libre en los distintos circuitos que ofrece la zona.
Uno de ellos es la visita a la Estancia Jesuítica Jesús María, que en el tiempo colonial se fue desarrollando no sólo como estancia de la Compañía de Jesús, sino como una etapa del denominado Camino Real, que comunicaba los puertos del Atlántico con las zonas mineras del Alto Perú.

La estancia, que se caracterizó por su producción vitivinícola, conserva la iglesia, la residencia y la bodega, restos de antiguos molinos, perchel y tajamar. Desaparecieron la ranchería y los campos de cultivo y pastoreo. En su construcción alrededor de un patio central, sobresale la edificación de arcos superpuestos.
Dentro del complejo, con techo de semicrucería, funciona el Museo Jesuítico Nacional compuesto de 18 salas. Es uno de los más completos museos jesuitas encontrándose en él la colección permanente dedicada al arte sacro colonial de los siglos XVII y XVIII y el material de arqueología y etnografía del noroeste y centro argentino. En su interior, el viajero del mundo encuentra muestras del carácter progresista de los jesuitas, como por ejemplo las instalaciones sanitarias en el interior de las dependencias, algo inusual en esos tiempos, con un sistema de cloacas a través de acequias.
El patrimonio histórico de la ciudad se suma a las costumbres de pueblo que se conservan intactas en un entorno natural que activa los sentidos. En enero de cada año, la ciudad se moviliza en algarabía y encuentro. Junto a la música, el canto y la payada, la presencia de jinetes de distintas tonadas despierta la apacible quietud provinciana.