Iruya, el encanto

Iruya, Salta, ArgentinaCuando el viajero conoce Iruya uno puede entender lo que significa el paso del tiempo. Cuando uno llega a ese pueblito atrapado en otro siglo, uno comprende que ha elegido bien. Si se busca el descanso del espíritu, el disfrute y el encontrarse con uno mismo, es porque ha elegido IRUYA.

Esta comarca de descendientes de kollas, se encuentra a 307 Km. de la ciudad de Salta, en el límite de las provincias de Salta y Jujuy, a 2780 m sobre el nivel del mar, en un paraje enclavado en la montaña, una especie de espoleo montañoso que avanza sobre la Quebrada por donde se puede ver correr, vigoroso, al río Iruya.

Iruya, Salta, Argentina

Para llegar, se debe pasar por la provincia de Jujuy, saliendo de Humahuaca, que se encuentra a 26 Km. de Iruya y recorriendo la ruta Nacional Nº 9, en colectivo de línea o en vehículo propio. El trayecto es inolvidable. Antes de llegar a destino por un camino de tierra, se llega al paraje Abra del Cóndor, uno de los circuitos turísticos recomendados, a 4.000 m sobre el nivel del mar, justo en el límite de la provincia de Salta y Jujuy. Luego se desciende 1.220 m. y en esos 19 Km. que restan hasta el pueblito de Iruya, el paisaje deslumbra y arrebata. Da gusto sentirse parte de una gran aventura. Desde los verdes selva hasta el violeta, el amarillo y los azules que desdibujan el límite entre el cielo y la montaña. La mirada encuentra un compañero del camino siguiendo las caprichosas formas de la quebrada, el río Colanzulí.

Iruya, Salta, Argentina

Iruya, Salta, Argentina

Al bajar, nuestros pies se encuentran con callecitas cuidadosamente empedradas. Los habitantes sumergidos en un tiempo indefinido, siguen ocupados en sus tareas mientras el visitante agradece que le permitan invadir la quietud de su mundo. Sus vestimentas, costumbres y hasta sus viviendas, de adobe, piedras y paja, se han mantenido casi intactos a los largo de 250 años.

Iruya, Salta, Argentina

Iruya, Salta, Argentina

Formando parte del paisaje, en las elevaciones que atraviesa el camino, la vista encuentra manadas de llamas, ovejas y cabras. Por momentos, el pueblo parece una isla rodeada por los ríos Colazulí (Iruya) y Milmahuasi.

A partir de aquí, para seguir descubriendo los misterios del paisaje y adentrarnos en la salvaje y pura naturaleza, se debe hacer el camino que resta a lomo de mula, en vehículo no se puede seguir. La montaña se presenta en toda su agresividad y magnitud.

La humanidad conserva aquí no sólo una porción de riqueza paisajística sino cultural e histórica. Sin embargo si se busca paz en el espíritu y energía en el alma, el valor mayor es el de renovarse en plenitud. Para volver a este siglo y a sus obligaciones, seguros de haber estado en el cielo.

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