Entre Ríos, Parque Nacional Predelta
By Argentina • Nov 26th, 2008 • Category: Turismo en el Litoral

Cuenta la leyenda, que luego de una exitosa expedición guerrera, un grupo de varias tribus festejaban el triunfo sobre sus enemigos. Las estrellas cubrieron el cielo de aquella zona litoraleña, y mientras devoraban un pecarí (variedad de jabalí sudamericano) sacrificado en honor a su Dios, un joven guerrero y eximio nadador, por eso era apodado Y-á-caré (en guaraní significa “el que anda por la superficie del agua”), narraba maravillosas historias y hazañas a sus compañeros.
La celebración estaba en su punto culmine, cuando las bailarinas consagradas al dios comenzaron a realizar su danza ritual; pero una de estas niñas destacaba entre las demás vestales: era Ollampí, que ataviada con una túnica decorada con pétalos de ceibo y una corona cubriendo su cabeza, enseguida encantó al joven guerrero.
El aguardiente comenzó a correr como parte del ritual, y pronto los luchadores se encontraban en un estado de euforia, lo que permitió que Y-á-caré se animara a desafiar al Dios. Nada le importaba, ni siquiera el castigo divino que recibiría por tocar a una de sus sacerdotisas. Cegado por el alcohol, el joven estaba dispuesto a convertirla en su I-rupé (la ‘I’, literalmente, significa “de tamaño pequeño”; rupé se podría traducir como “pareja o amante”).
En cuanto se acercó, la jovencita se dio cuenta de sus intenciones y decidió escapar. Pero la posibilidad de verse libre de este monstruo acabó al llegar al río. Allí, temiendo la cercanía de su persecutor, Ollampí aferró su talismán y le rezó al Dios, para que la ayudara a cumplir con su destino. Cuando Y-á-caré la alcanzó, la niña se sumergió en el agua. Flotando sobre la superficie quedaron su túnica y los adornos de su cabello. El joven se lanzó tras ella para rescatarla, nadó y nadó, hasta que logró divisar el cuerpo inerte de la vestal. Pero cuando logró alcanzarla, se dio cuenta de que solo tenía entre sus manos una extraña flor de grandes pétalos blancos, rosados y rojos, que parecía brillar bajo la luz de la luna. El guerrero no se dejó encantar por la belleza de esta flor, la lanzó lejos de sí y siguió buscando hasta que el sol volvió a brillar y, con él, refulgió la ira de este dios del Sol.
Se cuenta que mientras una hermosa flor flotaba río abajo, un saurio gigantesco surgió del agua, y hasta el día de hoy se lo puede ver tendido sobre la arena, custodiado por el sol, con los ojos fijos sobre esos irupés que contemplará sin ver.
Por suerte, el famoso yacaré no está a la vista, agradece la Viajera Intrépida, que se queda con la mirada fija sobre esas hermosas flores de irupé que flotan sobre el agua, repasando una y otra vez la leyenda, mientras la embarcación avanza por el arroyo de Las Mangas.
Luego de 4 km de recorrido desde la ciudad de Diamante, la joven arribó temprano al paraje La Azotea para ingresar al Parque Nacional Predelta. Ya desde el paraje La Jaula, donde se concentran la mayoría de las actividades, la belleza es inmejorable. Ese es el único punto por el que se puede ingresar por tierra a esta área protegida que constituye el único Parque Nacional insular de la Argentina.
En el lugar existe un camping agreste; la pesca deportiva está permitida en el arroyo La Azotea; y la caminata por los senderos otorga la posibilidad de admirar la avifauna autóctona. Pero la Viajera ya está lista para emprender una pequeña excursión acuática, la mejor manera de visitar el lugar, ya que las más de 2400 ha están formadas por islas y una compleja red de ríos, arroyos y lagunas.
En esta zona se protege la flora y fauna del delta superior del río Paraná. Una gran cantidad de especies arbóreas se pueden localizar según los sectores, porque alguien le explica a la joven (a la que nunca le fue muy bien en Geografía) que se pueden diferenciar tres ambientes dentro de este parque de límites naturales: las lagunas interiores, los albardones ribereños y la selva en galería, que es la única que puede llegar a reconocer con facilidad.
Los altos pajonales llaman su atención, así como muchas flores que observa a su paso. A cada rato pregunta sobre las especies de árboles que crecen en el monte ribereño. Camalotes y repollitos de agua pasan a su lado, y no se cansa de contemplar garzas blancas, gallaretas, patos y el simpático martín pescador. Prefiere no ver al yacaré ñato, pero tal vez, si tiene suerte, se cruce con un coipo o con algún lobito de río.
El ambiente es natural y casi intacto, lejos de la mano del hombre, por eso las actividades dentro del Parque Nacional Predelta son muy controladas; varias especies que están en peligro de extinción son protegidas por el Parque, creado en 1992, que recibe muchos visitantes, pero que en realidad es bastante poco conocido.
La Viajera Intrépida tuvo la suerte de acercarse hasta Diamante y, entre otras actividades, poder conocer este hermoso entorno natural protegido, donde en algún lugar de su interior, un insistente yacaré sigue buscando a su preciosa irupé.