El sol aún no ha llegado a su cenit, los tímidos rayos mañaneros se esparcen sobre el agua ondeante del río Paraná. Desde aquella altura, el verde parece más verde. De pie en uno de los miradores naturales que la ciudad ofrece, la Viajera Intrépida da vueltas sobre aquel apelativo que aún se le otorga a Diamante: “la ciudad blanca”, la llaman. “¿Blanca? ¿por qué?”, se pregunta la joven buscando respuesta en los alrededores. “Blanco es el color de las arenas silíceas y el suelo arcilloso característico de esta zona”, lee en una guía. “Ah”, expresa en voz alta antes de marcharse, pero realmente no queda demasiado conforme.

En cambio, sí puede entender, aunque no se sepa a ciencia cierta, por qué se le cambió el nombre de Punta Gorda a El Diamante, en 1836. Ubicada sobre la margen izquierda del río Paraná, con sus barrancas y lomadas y su impresionante belleza natural, la zona, muy transitada desde épocas remotas porque era tomada como punto de referencia y servía a los navíos por su puerto natural, tenía mucho potencial, era realmente un “diamante” en bruto.

Por su perfecta ubicación, Punta Gorda se convirtió en uno de los bastiones patriotas sobre las aguas del Paraná. Tres baterías se levantaron para defender la zona de posibles ataques realistas. El “Supremo Entrerriano” Francisco Ramírez pasó por allí con sus tropas, y lo mismo haría más tarde Juan Galo de Lavalle y su Legión Libertadora. Incluso, desde esta zona, Justo José de Urquiza cruzó el río con parte de su Ejercito Grande para ir a darle batalla al entonces gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. Por estos hechos de reconocido valor histórico es que a este lugar se lo ha declarado Sitio Histórico Nacional, y hoy se puede visitar al sur de la ciudad, muy cerca del Puerto Viejo.
Para conocer más de Diamante, la joven se acerca al Museo Municipal Regional, donde se cuenta la historia local. En otra sala, dedicada a las Ciencias Naturales, se exhiben mamíferos, peces y aves autóctonas, además de un sector de paleontología. A pocas cuadras de allí, la infaltable Plaza San Martín, centro de la vida pública, rodeada de los edificios principales: el interesante Palacio Municipal, el trabajado edificio del Banco Nación, la Jefatura de Policía Departamental y el Club Social.

Infaltable: la iglesia, por supuesto. En terrenos donde se iba a levantar una escuela, luego de la muerte de su hermano Cipriano, el General Urquiza dona la herencia para construir una capilla bajo la advocación de San Cipriano Mártir. Llama la atención de la Viajera la espadaña, porque sabe que no hay muchos ejemplos en el país de este detalle característico del estilo neocolonial, y además porque leyó que las campanas fueron realizadas con el bronce fundido de cañones utilizados en la mítica batalla de Caseros.

Hoy este antiguo edificio es la Casa Parroquial, ya que a finales del siglo XIX se comenzó a levantar un nuevo templo, con imponentes torres, para reemplazar al anterior, aunque esta vez erigido bajo la advocación de la Virgen de la Merced.
Diamante es inminentemente turística, eso lo sabe la joven, aunque aún le falta mucho desarrollo. Pero de todas maneras, muchos de sus habitantes se dedican a esta actividad, explotada cada vez con más frecuencia. Con su entorno natural, la ciudad ya tiene mucho para ofrecer. Hermosas playas al norte y al sur del Nuevo Puerto, uno de los más importantes del país, prestan sus servicios para atender a los visitantes deseosos de disfrutar de la tranquilidad, rodeados por hermosos paisajes y el clima cálido de esta ciudad de la provincia de Entre Ríos.
Algunas de ellas son Costa del Sol y Parador Sur con sus servicios completos, desde donde parten varias excursiones embarcadas de pesca, además del tradicional Círculo Náutico Diamante, donde la Viajera para a descansar y a almorzar en el comedor algún pescado de su predilección, mientras se deleita observando a todos aquellos que se dedican a practicar algún deporte náutico.

Más adelante, el Balneario Municipal “Valle de la Ensenada”, con su camping, sus playas sobre el arroyo y un gran lago artificial en sus ochenta hectáreas dedicadas a la recreación, donde también tiene lugar, en el mes de septiembre, el “Motoencuentro Internacional”.

Aunque también hay otra fiesta que atrae a los visitantes, y que se realiza al sur de la ciudad, en el Campo Martín Fierro: el “Festival de Jineteada y Folclore”, que convoca a los turistas que llegan en las primeras semanas del año y que además de recorrer la tranquila localidad, pueden atreverse a las travesías en 4×4 por los alrededores, a realizar paseos en embarcaciones, o a probar suerte con el safari fotográfico. Además de disfrutar de las playas diamantinas y de la cercanía del Parque Nacional Predelta, a solo 4 km. de la ciudad de Diamante.