En la diferencia reside la belleza, la originalidad; son los pequeños detalles los que hacen a un lugar interesante. Tal vez para los habitantes de Basavilbaso, que han nacido y se han criado en sus calles, nada les resulte extraño, pero a los que llegan a visitar la ciudad, como la Viajera Intrépida, su trazado les parecerá digno de mención.
A diferencia de la gran mayoría de las ciudades y pueblos de la Argentina que han seguido los requisitos de las llamadas “leyes de indias” en la fundación de los lugares, algunos puntos del país, como es el caso de esta ciudad, parecen desconocer el ordenamiento del ejido urbano convencional, donde alrededor de una plaza principal se sitúan los edificios más importante y se desenvuelve la vida local.

Basavilbaso parece reírse del trazado regular usual, porque no ha surgido como las ciudades tradicionales, sino como otras tantas, aquellas que también han visto su origen en ese medio de transporte fabuloso que tuvo su época de gloria cuando conectaba todos los puntos del país, pero del que hoy solo quedan vestigios. El ferrocarril le ha dado vida y forma a un lugar, y ahora ese lugar le rinde un merecido homenaje.
Los edificios principales se distribuyen sin orden aparente por los cuatros sectores en que los rieles en desuso del tren dividen a la ciudad. Sus calles, el aire, su gente, todo parece impregnado por el recuerdo de aquella época en que la ciudad era un importante centro ferroviario, donde inclusive se alzaba una torre de control.
Apenas sigue funcionando algún tren, pero no por eso el mote de “Capital de los Trenes” le ha sido usurpado. La Viajera recorre la antigua Estación Gobernador Basavilbaso, de la que solo quedan los muros y aberturas y el Galpón de Cargas que se libró del abandono y los incendios. No muy lejos de allí, la estación actual, reemplazante de la anterior, que funciona desde 1991, con su construcción de estilo inglés, tan típica de la arquitectura ferroviaria, sigue prestando sus servicios.

Con similares materiales están levantadas las casas que forman parte del Barrio Ferroviario, donde en algún momento residieron los directivos del ferrocarril. Cerca de allí, en la réplica de una estación, con las mismas características inglesas, funciona el Museo del Riel. La historia y la nostalgia se desperdigan por doquier entre los recuerdos que aquí se exponen, como la locomotora a vapor de 1888, que ocupa parte del predio y que fue donada para incentivar a este Museo, que comenzó a formarse a finales de la década del noventa.

No solo un Monumento al Obrero Ferroviario se levanta en la ciudad, también otro monumento recuerda al Inmigrante, simbolizando el trabajo y la cultura de estas personas que llegaron al territorio argentino para quedarse. Especialmente en Basavilbaso donde la llegada de los primeros colonos procedentes de Rusia aportaron al crecimiento de la ciudad: el “gaucho judío” y sus colonias es otro tema que no se puede esquivar al conocer la zona central de la provincia de Entre Ríos.

Cuna del cooperativismo, la Colonia Lucienville fue donde se gestó la primera “Cooperativa Agraria” del país, que sigue funcionando hasta la actualidad. Los primeros inmigrantes judíos que llegaron comenzaron a agruparse en diferentes aldeas de similares características: una larga calle principal a lo largo de la cual se levantaban sus hogares y otros edificios importantes, como la sinagoga, el cementerio, la escuela y la mikvé (baño comunitario). Ackeman 1 y 2, Sorokin 1y 2, eran algunas de ellas, aunque la que aún sigue en pie es Novibuco 1.

Por eso la Viajera se acerca al norte de la ciudad para contemplar algunos de los antiguos edificios que aún siguen narrando sus recuerdos a todos los que se llegan hasta el lugar. La sinagoga-rancho fue la primera fundada en la Colonia, donde aún se conservan las lámparas y La Torá (libro sagrado) traídas por los colonos.
Pero aunque aquí se encuentran elementos del pasado que dieron forma a la historia de estos inmigrantes, en la ciudad también se localizan edificios que en la actualidad siguen “haciendo historia”, como la impactante sinagoga Tefila L´Moises y la “sinagoga de los trabajadores o artesanos” (Beth Abraham), levantada por los colonos que aprovecharon los conocimientos traídos desde Europa y crearon su propio templo.

Basavilbaso se encuentra en un punto neurálgico ideal para conocer otras hermosas ciudades, tanto del lado del río Paraná, como en dirección oeste, hasta las costas del Uruguay. Mientras camina por el hermoso Parque Autóctono Municipal, la Viajera Intrépida hace futurología. La ciudad tiene tanto para ofrecer y puede ser base de varios circuitos turísticos interesantes, que ella asegura que cuando el inmenso proyecto del Parque Termal que se está construyendo quede finalizado, será un destino de alta competencia para otros centros termales, por su cercanía a Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

¿Qué mejor que una sana competencia para volver a poner en la mira una ciudad que asombra por sus atractivos y su historia?