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El Cementerio de Recoleta: los misterios de la muerte, las manifestaciones de la vida

By Argentina • Nov 1st, 2008 • Category: Capital Federal, Turismo en Buenos Aires

A principios del siglo XVIII, se instalan en la parte norte de la ciudad de Buenos Aires los frailes de la orden de los recoletos descalzos. Construyen allí, en el año 1732, la Iglesia y convento Nuestra Señora del Pilar, hoy declarada Monumento Histórico Nacional.

En 1822 la orden fue disuelta y la amplia huerta que pertenecía al convento fue convertida en el primer cementerio público de la Ciudad de Buenos Aires. El 18 de noviembre, día posterior a la inauguración, se realizaron los primeros entierros: el del niño negro liberto Juan Benito y el de María Dolores Maciel.

La década de 1870 castigó a la ciudad con una epidemia de fiebre amarilla, razón por la cual las familias aristocráticas que habitaban los barrios de San Telmo y Montserrat se mudaron a Recoleta, convirtiéndolo en un barrio distinguido y exclusivo. El cementerio pasó a ser, también, el último reposo de las familias de mayor prestigio y poder de Buenos Aires.

El Cementerio de la Recoleta, descanso eterno de muchos de los próceres, artistas, hombres de ciencia y política más destacados de la Argentina, es en la actualidad un punto turístico obligado de la ciudad. Reúne, como ningún otro sitio, la desolación y el estado de indefensión ante la muerte y las manifestaciones artísticas más conmovedoras y magníficas del ser humano. Es una muestra cabal de lo insondable de la muerte, el destino final del hombre independientemente de su condición económica y social.

Una refinada arquitectura nos invita a recorrerlo, a adentrarnos en cada uno de sus calles internas. Los distintos estilos escultóricos se unen en un fin común: el de ser, por medio de la belleza arquitectónica y la magnificencia de las esculturas y los mausoleos, caminos para perpetuar el recuerdo entre los seres humanos, canales conductores entre los que se fueron y los que están.

El predio está organizado en manzanas, con amplias avenidas arboladas que dan a los callejones laterales. Cuatro mil ochocientas son las bóvedas que alberga, y más de 90 de ellas fueron declaradas Monumento Histórico Nacional. De una amplia rotonda central parten las avenidas principales, con una escultura de Cristo realizada por Conza Briano, en 1914. Cada mausoleo exhibe en su fachada el nombre de la familia a la que pertenece, y generalmente se agregan al frente placas de bronce para los miembros individuales.

Muchos son los misterios y leyendas que giran en torno a las bóvedas y a las vidas de los fallecidos que allí descansan. Historias de amor, desengaños, muertes jóvenes, estados de catalepsia fatales, vidas desdichadas y existencias heroicas son algunas de las temáticas que abordan estos relatos,  que han perdurado a través del tiempo y siguen atrapando a los cientos de personas que diariamente visitan el cementerio.

En Recoleta están los restos, entre otros, de los caudillos Juan Manuel de Rosas y Facundo Quiroga, de los presidentes Sarmiento, Mitre e Yrigoyen, de la primera dama y líder política Eva Perón y de los célebres escritores José Hernández, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Oliverio Girondo y Eduardo Mallea. También los restos del Nobel de Química, Federico Leloir, y el de la Paz, Saavedra Lamas, descansan en los pasillos de la Recoleta.

Diariamente conviven en sus calles la vida y la muerte, el recuerdo y el paso lento pero irrevocable del tiempo. La desesperación ante la incapacidad del ser humano de ser eterno, el terror a ser olvidado y el desconcierto ante lo que le espera a cada uno de nosotros al atravesar las puertas del más allá.

Ludmila Pérez

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